deshumidificador

El exceso de humedad, debido a la consecuente formación de hongos y microorganismos, se encuentra entre las causas más frecuentes de los problemas de salud que pueden sufrir los ocupantes de los edificios. Entre ellos, observamos alergias, problemas respiratorios, letargo, gripes, resfriados, etc. Sin embargo, no solo las personas pagan un alto precio por el exceso de humedad, también el propio edificio sufre sus consecuencias. En el presente artículo te explicamos las diferentes causas que provocan la aparición de humedad y cómo el uso de un deshumidificador, si bien no puede eliminarla, puede reducirla.

 

Tipos de humedades

La presencia de humedad en nuestras viviendas puede deberse a tres causas, en función de su origen. Así, existen las humedades por condensación, por capilaridad y por infiltración lateral.

Cualquiera que sea el origen, la humedad representa un peligro tanto para la salud de las personas como para los materiales y la estructura de los edificios. Existen numerosas soluciones a los problemas de humedad (aumentar el aislamiento térmico en la envolvente, instalar vidrios bajo emisivos, disponer de un sistema de ventilación adecuado que garantice la correcta renovación del aire…). Disponer en nuestro edificio de un sistema de ventilación mecánica controlada es la mejor opción para mantener los niveles de humedad aceptables. Un deshumidificador, aunque en muchas ocasiones no es suficiente, puede mantener la humedad relativa del aire interior de los recintos en torno al 50%.

 

¿Qué es y cómo funciona un deshumidificador?

El deshumidificador puede reducir los problemas de humedad relativa elevada, siempre y cuando esta no supere el 60%. Su finalidad es la de renovar el aire interior de los recintos absorbiendo este exceso de humedad. Una vez absorbida, condensa el vapor de agua, bien en una bandeja destinada a tal uso, bien en un conducto de evacuación (drenaje) que comunica con la instalación de saneamiento de la vivienda (como los aparatos de aire acondicionado). Gracias a sus sensores de humedad, funcionan (encienden o apagan) en función de los parámetros determinados por el usuario.

 

Clasificación

Los deshumidificadores se pueden clasificar de acuerdo con su funcionamiento (refrigerantes o desecantes), en función de su uso (industriales o domésticos) o en función de su movilidad.

De acuerdo con su funcionamiento:

• Refrigerantes. Funcionan con compresor y evaporan el agua del ambiente gracias a un gas refrigerante.

• Desecantes. No disponen de compresor ni de gas refrigerante. El agua se condensa gracias al gel de sílice (material higroscópico desecante). Dado que funcionan muy bien en ambientes muy fríos, son altamente recomendables en recintos industriales que requieren de una tasa de humedad relativa muy baja (en torno al 35%).

En función de su uso:

• Industriales. Tienen una capacidad de extracción de vapor de agua muy elevada (1000 litros diarios).

• Domésticos. Son los utilizados en las viviendas y en las oficinas. Su capacidad de extracción de vapor de agua puede llegar a los 35 litros diarios.

En función de su movilidad:

• Equipos fijos. Se trata de equipos de gran tamaño que quedan fijados en un punto concreto del recinto (equipos industriales).

• Portátiles. Dadas sus pequeñas dimensiones se pueden trasladar de un recinto a otro sin dificultad (equipos compactos domésticos).

Protección frente al ruido

Dado que el deshumidificador es un pequeño electrodoméstico que forma parte de nuestra casa o nuestra vivienda, conviene que el nivel de ruido no supere los 50 decibelios (existen en el mercado aparatos que no exceden de los 35-40 dB).

 

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