confort

El término “confort” es un galicismo cuyo significado puede asimilarse al concepto de bienestar, aunque en términos generales abarca conceptos más amplios como la salud. En general se refiere a un estado ideal del hombre que supone una situación de bienestar, salud y comodidad en la cual no existe en el ambiente ninguna distracción o molestia que perturbe física o mentalmente a los usuarios. Es para ello importante buscar también el confort en la arquitectura.

Parámetros de confort

Los parámetros de confort son aquellas condiciones propias del lugar que inciden en las sensaciones de los ocupantes. Estas sensaciones o formas de percibir el ambiente pueden clasificarse en:

Parámetros ambientales

Los parámetros ambientales son muy importantes ya que tienen una influencia directa sobre las sensaciones físicas de las personas y las características ambientales de un espacio. Los más destacados son:

  • Temperatura seca del aire
  • Humedad relativa
  • Velocidad media del aire

 

Temperatura seca del aire

Se entiende por temperatura seca del aire, la temperatura del aire, prescindiendo de la radiación calorífica de los objetos que rodean ese ambiente concreto, de los efectos de la humedad relativa y de los movimientos de aire. La temperatura del aire constituye uno de los parámetros principales para determinar el grado de confort térmico de un espacio y se refiere básicamente al estado térmico del aire a la sombra. Para poder determinar si las personas sienten frío o calor en un lugar es necesario contar con los datos de temperatura y humedad. Además, con estos datos se puede determinar si un espacio concreto de la vivienda, o la vivienda en general, se mantiene dentro de rangos adecuados o no.

 

Humedad relativa

La humedad relativa afecta en gran medida la sensación térmica. Es uno de los parámetros sobre el que se puede incidir directamente a través de la aplicación de una serie de correcciones en el diseño o bien con la incorporación de determinados sistemas de acondicionamiento. Es entendida como la cantidad de agua que contiene el aire, por lo que si su valor es elevado durante un día de calor puede afectar negativamente a la sensación térmica dentro de un espacio ya que impide que las personas pierdan calor por evaporación de agua a través del sudor. Pero, si este porcentaje de humedad relativa es muy bajo, el organismo también responde negativamente debido a que se puede deshidratar. En general, los valores de humedad relativa considerados apropiados varían del invierno al verano y adoptan diferentes valores según el tipo edificatorio, sus espacios y las actividades que en él se estén realizando.

 

Velocidad media del aire

Para el acondicionamiento de una vivienda, la velocidad del aire constituye un parámetro muy valioso, pues produce corrientes que pueden ser aprovechadas para refrescar o calentar los espacios. Sin embargo, hay que tener presente que, dependiendo de la velocidad y la procedencia del aire que llega hasta el interior, estas corrientes pueden resultar un inconveniente más que una ventaja, especialmente en invierno. En el caso de que la temperatura del aire esté por debajo de la temperatura de la piel, la velocidad del mismo provocará una pérdida de calor que generará una sensación de frescura pero, si es al revés, el cuerpo tomará calor del aire. Además, la velocidad del aire es una preexistencia ambiental que puede ayudar a reducir la humedad y favorecer la ventilación de los espacios de la vivienda, modificando, con su frecuencia y con su fuerza, la sensación térmica de las personas.

Parámetros arquitectónicos

Los aspectos psicológicos interactúan con los factores térmicos, lumínicos, acústicos y olfativos de un determinado espacio creando nuestra capacidad de adaptarnos a él en lo que se puede definir como confort arquitectónico. Por ejemplo, la falta de confort fisiológico térmico y lumínico puede ser compensado a través de los factores visuales involucrados en el diseño de los espacios, tales como el manejo de los colores, texturas, espacios, volúmenes, vacíos, macizos, etc. Por su parte, el grado de disconfort acústico u olfativo disminuye al perder la ubicación o percepción visual directa de la fuente contaminante; por ejemplo si se coloca una barrera vegetal angosta, pero suficientemente densa para obstruir la vista entre una avenida (contaminante de ruido) y un edificio, es posible que en las personas disminuya la percepción del ruido a pesar de que los niveles de intensidad sonoros disminuyen de manera insignificante. Del mismo modo la falta de confort se incremente drásticamente si se percibe visualmente la fuente de contaminación.

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