temperatura y humedad

Temperatura y humedad

La sicrometría es una rama de la física que analiza las propiedades térmicas del aire húmedo, cómo se pueden regular, su medición y los efectos de la humedad sobre el confort de las personas. La humedad que contiene el aire modifica en gran medida sus propiedades físicas del tal manera que puede alterar sensiblemente las sensaciones físicas de una persona. Se dice que el aire está saturado cuando se mantiene en equilibrio en presencia de agua líquida sin que se produzca ningún tipo de trasvase. Por su parte la humedad relativa es el cociente entre el peso del vapor de agua contenido en un volumen de aire y el peso del vapor saturado para ese mismo volumen:

Z (%) = (Peso del Vapor/Peso del vapor saturado) x 100

La temperatura por su parte es una magnitud escalar o medible relacionada con la energía interna de un sistema termodinámico.  El aparato de medida es el termómetro en cualquiera de sus diferentes formas de calibrado: Kelvin, Celsius o Fahrenheit.

 

Factores que condicionan la calidad del aire interior

La humedad en el interior de una vivienda afecta a todos sus ocupantes y también a los objetos y materiales que contiene. Cuando el aire tiene demasiada humedad se condensa en forma de agua en superficies frías como tabiques o ventanas. De esta forma perjudica a sus habitantes por la presencia de mohos y bacterias. También produce un notable deterioro en los materiales y el mobiliario de la casa. En este sentido se puede asegurar que la calidad del aire interior depende de:

 

  • La calidad del aire aportado por el sistema de ventilación procedente del exterior
  • La composición de los materiales constructivos
  • Las actividades desarrolladas en el interior, que condicionan el grado de renovaciones (l/h) que se deben aportar en cada local.
  • El nivel de ocupación que soporta el edificio, siendo este otro factor que influye en el número de renovaciones a la hora
  • La temperatura interior
  • La humedad del aire interior

 

Los sistemas de ventilación tradicionales han empleado la ventilación natural como forma de renovar la calidad del aire en el interior de los edificios. Antiguamente la propia construcción facilitaba una ventilación espontánea a través de las juntas de los muros exteriores y los cercos de puertas y ventanas. Sin embargo, a partir de los años setenta del pasado siglo XX, los países comenzaron a concienciarse de la necesidad de reducir el consumo energético. Es en ese momento, cuando al aumentar notablemente la hermeticidad de los edificios, se plantea la necesidad de introducir sistemas de ventilación mecánica que renueven el aire de una forma constante y controlada. Más recientemente, la aparición de la ventilación mecánica de doble flujo, ha permitido desarrollar sistemas de ventilación que no alteran el confort térmico del interior de una vivienda, gracias al funcionamiento del intercambiador de calor. Éste es capar de transferir el calor de un flujo de aire hasta otro, sin necesidad de que ambos se mezclen. De esta manera, el proceso de extracción de aire contaminado viene acompañado de la impulsión de aire limpio a la misma temperatura a la que se encuentran las estancias interiores.

 

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