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Normativa en materia de ventilación: RITE y C.T.E. – HS3

Las exigencias en materia de calidad del aire son distintas según sea de aplicación el Código Técnico de la Edificación o el RITE 2007 en un proyecto en concreto. En el primer caso la exigencia se centra en la renovación del aire en las estancias interiores, es decir el caudal de aire (litros) que debe renovarse cada segundo. El RITE por el contrario realiza una clasificación previa para definir la calidad del aire según sea de calidad optima (IDA 1), buena (IDA 2), media (IDA 3) o baja (IDA 4). Esto es debido a que el RITE es de aplicación en múltiples tipologías de edificios, para cada una de las cuales emplea un tipo de aire con una clasificación en cuanto a su exigencia de calidad:

  • Clínicas, hospitales laboratorios y guarderías (IDA 1)
  • Oficinas, residencias, salas de lectura, museos, aulas y piscinas (IDA 2)
  • Edificios comerciales, cines, teatros, salones de actos, hoteles, restaurantes, cafeterías, gimnasios y locales deportivos (IDA 3)

 

Por el contrario el Código Técnico de la Edificación, en su Documento Básico HS-3. “Calidad del aire interior”, aborda directamente el volumen de aire a renovar en cada tipo de local, ya que su aplicación queda limitada a los edificios de viviendas y de aparcamientos:

  • Dormitorios: 5 l/sg por ocupante
  • Salas de estar y comedores: 3 l/sg por ocupante
  • Aseos y cuartos de baño: 15 l/sg por local
  • Cocinas: 2 l/sg por m2 de superficie útil
  • Trasteros y zonas comunes: 0.7 l/sg por m2 de superficie útil
  • Aparcamientos y garajes: 120 l/sg por plaza de aparcamiento
  • Almacenes de residuos: 10 l/sg por m2 de superficie útil

 

Normativa europea: Norma EN 15242

En lo que se refiere a la normativa a nivel europeo que rige sobre los sistemas de ventilación, la norma EN 15242 fue aprobada por Aenor en 2007 (UNE EN 15242:2007). Esta norma propone métodos para cuantificar caudales de aire para cálculos energéticos, así como para evaluar la calidad del aire interior y el confort estival. En su apartado 6.3 se describe la metodología para calcular la ventilación pasiva e híbrida. De esta forma proporciona herramientas comprobadas para cuantificar la eficiencia de una ventilación “no mecánica”, dado que la ventilación pasiva está formada por conductos y sus componentes, sin usar ventiladores eléctricos. La ventilación híbrida combina la ventilación mecánica con la natural.

Con las fórmulas incluidas en la norma EN 15242 se pueden calcular caudales de ventilación en función de valores meteorológicos y de las medidas de las ventanas. Estas fórmulas permiten calcular tanto el efecto de la ventilación natural cruzada como el de la no cruzada. Sus ecuaciones son las mismas que se emplean para justificar estrategias de ventilación pasiva en el diseño de viviendas Passivhaus (viviendas de consumo casi nulo).

En el apartado 7.4. “Confort Estival”, se recomienda la ventilación como estrategia para conseguir un buen nivel de confort en verano. Se recuerda la desventaja de la ventilación mecánica en cuanto a que el efecto positivo del enfriamiento por ventilación nocturna puede ser neutralizada por el exceso de consumo eléctrico de los ventiladores. Para la ventilación natural, se recuerda la importancia de tener en cuenta los hábitos de los usuarios y la contaminación acústica.

A la hora de definir una estrategia de ventilación natural en esta norma se hace hincapié en la valoración de factores ambientales de las estancias, tanto externos como internos como son:

  • Emisiones de los materiales de construcción como son los componentes orgánicos volátiles procedentes de los materiales de revestimiento y de construcción.
  • Condiciones microclimáticas: el clima de la zona y el microclima del emplazamiento influyen tanto en el comportamiento de un sistema de ventilación natural como en el rendimiento de un sistema de ventilación mecánica. A la hora de diseñar cualquiera de estos sistemas hay que tener en cuenta la ubicación de los edificios colindantes, que pueden alterar la acción del viento sobre nuestro edificio. En lo que se refiere al emplazamiento son especialmente importantes factores como la contaminación acústica que varía notablemente de un entorno rural a un entorno urbano. Un sistema inadecuado, a pesar de estar correctamente dimensionado, puede originar una mala calidad del aire interior por no adecuarse correctamente a su uso en una localización concreta. Las diferencias de temperatura existentes entre el día y la noche deben también estudiarse a la hora de diseñar el sistema de ventilación.

 

Influencia de los materiales de construcción en la calidad del aire interior

La hermeticidad de los edificios supone un beneficio en cuanto al ahorro energético. Sin embargo, puede ser contraproducente para la salud de las personas al disminuir la calidad del aire interior. Cuando se realizan medidas pasivas en la envolvente de los edificios no suele tenerse en cuenta que estas medidas pueden producir un empeoramiento de la calidad del aire si el usuario no ventila con cierta frecuencia. También pueden aparecer condensaciones superficiales cuando no se resuelven correctamente los puentes térmicos. En general la calidad del aire interior puede verse influenciada por los materiales constructivos a través de dos tipos de contaminantes: los contaminantes químicos y los contaminantes biológicos.

Los compuestos orgánicos volátiles (COV) son contaminantes químicos pertenecientes a diferentes familias como los alcoholes, los aldehidos, éteres de glicol, etc. Todos ellos tienen en común su base química de carbono y la particularidad de volatilizarse en el aire en estado gaseoso a temperatura ambiente de forma más o menos rápida. Los efectos sobre la salud ante una exposición prolongada a los COV, no son todavía del todo conocidas. Se sabe sin embargo que el 80 % de estos compuestos que encontramos en el interior de un edificio son irritantes para las membranas mucosas y los ojos, y que aproximadamente el 25 % son sospechosos de ser cancerígenos.

Los contaminantes biológicos pueden proceder de los sistemas de climatización, ventilación y aire acondicionado, así como de la falta de mantenimiento en las instalaciones. La proliferación de contaminantes biológicos en el aire que respiramos depende de condiciones ambientales como la temperatura, la humedad relativa, la luz y la renovación del aire. Una temperatura baja en un ambiente húmedo puede favorecer el crecimiento de microorganismos como el moho. En cambio una temperatura elevada favorece el desarrollo de otro tipo de microorganismo como puede ser la legionella, que suele aparecer en sistemas de refrigeración que funcionan con agua.

 

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