sistema de ventilación

El ejercicio físico y el metabolismo: similitudes con el funcionamiento de un sistema de ventilación

El rendimiento físico de una persona tiene muchas similitudes con el consumo energético de cualquier tipo de equipo electro-mecánico como los que componen un sistema de ventilación. Cuando una persona realiza un ejercicio físico, necesita consumir energía en forma de oxígeno. Nuestro metabolismo nos permite cambiar la naturaleza de ciertas sustancias químicas, de manera que el oxígeno que respiramos se convierte en energía que nos permite caminar, correr, trabajar, etc. De manera análoga, para renovar el aire contaminado del interior de una vivienda se necesita transformar energía eléctrica en energía mecánica, capaz de poner el aire en movimiento a través de los ventiladores. Muchos parámetros que utilizamos para medir el ejercicio físico se utilizan de forma análoga cuando se valora el consumo energético de un sistema de ventilación.

 

Otros parámetros: potencia, tensión y envejecimiento

Otro parámetro que guarda similitud entre el comportamiento de nuestro cuerpo y el de un sistema de ventilación es la potencia. La potencia física se define como la unidad de trabajo realizada en una unidad de tiempo. En el caso de la potencia de nuestra musculatura, se trataría de la cualidad o habilidad de ejercer una fuerza en el menor tiempo posible. De forma análoga actúan los ventiladores dentro de un sistema de ventilación, ya sea para extraer un caudal de aire, como para provocar su admisión dentro de los locales. En este caso su potencia se define como la cantidad de energía que el aparato toma de la red eléctrica, para transformarla en una potencia útil mecánica, que se emplea para poner el aire en movimiento.

En función del tipo de sistema de ventilación instalado puede ser necesario evacuar el aire a través de conductos con una determinada longitud o sección. Debido al roce, los cambios de sección y los obstáculos, estos conductos provocan una pérdida de carga en el ventilador. La presión de un ventilador, es precisamente la fuerza que ejerce para vencer esta pérdida de carga. De forma análoga los músculos del cuerpo humano son capaces de ejercer una tensión contra una carga mediante una contracción muscular. Este simple acto nos permite realizar sencillos gestos todos los días como  levantar un peso, caminar, subir una escalera, etc. En estas situaciones siempre estamos venciendo una resistencia o pérdida de carga que en nuestro caso puede ejercer el viento, el rozamiento con el suelo o nuestro propio peso.

Del mismo modo nuestro envejecimiento tiene también similitudes con el que sufren los componentes de un sistema de ventilación. El nuestro se debe al desgaste que provoca en nuestras células el paso del tiempo y el contacto con el ambiente que nos rodea. De manera análoga los conductos de ventilación, los ventiladores y el resto de componentes sufren su propio envejecimiento al estar en contacto con el aire. Este contacto provoca una reacción química entre el oxígeno de la atmósfera y los materiales metálicos con los que están fabricados (acero, aluminio, etc), llamada oxidación. Ésta causa un deterioro de las partículas en contacto con el aire que finalmente impide el correcto funcionamiento de la instalación.

 

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