edificar

El término construcción sostenible abarca no sólo los edificios propiamente dichos, sino también la forma de tratar el entorno y de integrar el desarrollo urbanístico en el medioambiente. Los principios para edificar con criterios de sostenibilidad obligan a conservar los recursos naturales y a reutilizarlos. También es necesaria una adecuada gestión del ciclo de vida, así como de una reducción del consumo energético y de agua aplicados a la construcción del edificio y a su posterior utilización. Pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Conservación de los recursos naturales como el agua y la energía.
  • Reciclar y recuperar los materiales empleados en la construcción.
  • Análisis de la gestión del ciclo de vida de las materias primas utilizadas, con el objetivo de reducir la generación de residuos y de emisiones GEI.
  • Uso racional de la energía.
  • Uso racional del agua.
  • Incremento de la calidad de vida y de la salud del usuario.
  • Protección general del entorno medioambiental en el que se asienta el edificio.
  • Minimizar la generación de residuos durante la construcción.

 

Edificar de una forma sostenible

Todos estos principios se pueden aplicar igualmente a la construcción de una vivienda. Para ello es importante elegir el correcto emplazamiento y elaborar un estudio geobiológico del terreno antes de iniciar la construcción. El empleo de vegetación abundante, tanto en el exterior como en el interior de la vivienda, permite reducir los efectos de la contaminación atmosférica y los ruidos, al mismo tiempo que contribuyen al confort higrotérmico en el interior de la vivienda. Es imprescindible también elegir una correcta orientación solar que garantice el confort térmico sin gastos energéticos adicionales.

Los materiales empleados en la construcción deberán ser lo más naturales posibles, evitando utilizar materiales tóxicos o radioactivos. En este sentido, los ladrillos cerámicos, la piedra, la madera, las fibras vegetales, el adobe de tierra y los morteros con abundante cal son preferibles al hormigón armado, al aluminio, al PVC, o al exceso de cemento y aditivos químico-sintéticos en las construcciones. Se debe procurar al mismo tiempo que las pinturas sean lo más naturales posible, o al menos no tóxicas. Las que garantizan unas mejores condiciones de salubridad son las pinturas al silicato, ya que son totalmente minerales, resistentes al fuego o la contaminación, lavables, no tóxicas y de gran durabilidad, al mismo tiempo que permiten una adecuada transpiración de las paredes. Para el mobiliario y la decoración interior son preferibles la madera y las fibras naturales. Se deben evitar los muebles y los revestimientos con maderas aglomeradas con formaldehídos y colas tóxicas, así como tratamientos de protección de la madera que contengan líndano o pentaclorofenos.

La correcta ventilación de una vivienda permite evitar problemas de acumulación de elementos tóxicos o radiactivos como el gas radón. En este sentido son especialmente apropiados los sistemas de ventilación mecánica de doble flujo que garantizan el confort térmico en el interior tanto en verano como en invierno. El intercambiador térmico permite que la ventilación se produzca sin variaciones térmicas bruscas, que obligan a aumentar el consumo energético.

 

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