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La calidad del aire que respiramos incide de manera significativa sobre nuestra calidad de vida, siendo la causante de muchas enfermedades respiratorias que afectan a nuestra salud y confort. En algunas ocasiones, es dentro de nuestros hogares donde la contaminación del aire es superior, llegando a ser 5 veces peor que en el exterior. Este aspecto influye enormemente en la salud pública de cualquier país, ya que actualmente pasamos más del 90% de nuestro tiempo en espacios interiores bien sea en oficinas, centros comerciales o dentro de nuestras viviendas. Afortunadamente, mejorar la calidad del aire interior es un problema con una solución más fácil y económicamente más viable que solventar la difícil situación de la contaminación atmosférica que sufren muchas de las grandes ciudades del mundo.

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS), describe como Síndrome del Edificio Enfermo, los síntomas de disconfort y afecciones para la salud que afectan a los usuarios habituales de los llamados edificios inteligentes, que se caracterizan por un alto grado de hermeticidad, tecnificación y un uso generalizado de materiales de construcción sintéticos. Como consecuencia de ello han ido apareciendo en los países occidentales un conjunto de normas, regulaciones y certificados que incorporan indicadores de sostenibilidad, salud y bienestar para los usuarios habituales de cualquier tipo de edificio.

 

C.T.E. HS 3. Normativa española en materia de calidad del aire interior

A partir del año 2008 se introducen modificaciones dentro del Código Técnico de la Edificación (C.T.E.) y del RITE indicando exigencias muy concretas en materia de calidad del aire. En concreto el C.T.E. en su Documento Básico HS 3, “Calidad del Aire Interior”, especifica los caudales mínimos de ventilación con los que deben renovarse las estancias de una vivienda, tal y como se resume a continuación:

 

  • Dormitorios: 5 l/sg. por ocupante
  • Salas de estar y comedores: 3 l/sg. por ocupante
  • Aseos y cuartos baño: 15 l/sg. en cada local
  • Cocinas: 2 l/sg. por m2 de superficie útil
  • Aparcamientos y garajes: 120 l/sg. por plaza de aparcamiento
  • Trasteros y zonas comunes: 0,7 l/sg. por m2 de superficie útil
  • Almacenes de residuos: 10 l/sg. por m2 de superficie útil

 

La biohabitabilidad

Se trata de un nuevo enfoque de la construcción y la arquitectura teniendo en cuenta conocimientos y evidencias del campo de la salud y la biología humana. El objetivo es aportar  soluciones constructivas que sean compatibles con los sistemas biológicos creando espacios más saludables. Para ello se pone en valor el diseño de una construcción en la que se analiza la interacción entre materiales, sistemas constructivos, instalaciones y ejecución considerando la utilización de materiales que minimicen la incorporación de compuestos orgánicos volátiles, formaldehidos, algunos plastificantes y metales pesados. Se procura también que los materiales constructivos tengan un adecuado comportamiento con las cargas electrostáticas y con el electroclima, de manera que no sean fuente de radiación ionizante.

Un ejemplo claro de como se pueden considerar factores ambientales a la hora de proyectar la construcción de un edificio es la lioatrofia semicircular. Se trata de una afección idiopática que se caracteriza por una atrofia del tejido graso subcutáneo a modo de depresión semicircular. Una humedad relativa baja asociada a un ambiente más tecnificado y materiales poco disipativos de los campos eléctricos, son habituales en los espacios que han frecuentado las personas efectadas por este tipo de síndrome.

 

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